Detesto el mercantilismo atróz que generan en las personas y las muchas histerias que se desatan constantemente. Para aquellos que vivimos en el centro de Madrid, conocemos perfectamente esta situación (ver como desde las 10 de la mañana están permanentenemente atascadas las calles, atestadas las calles comerciales es algo a lo que nunca he logrado acostumbrarme). Por contra es el periodo del tiempo en el que todo el mundo hace un esfuerzo por acordarse de los demás ... y decírselo. Es la excusa perfecta que se utiliza para descolgar un teléfono, para mandar un mail o para quedar a tomar algo. Es maravilloso como este tiempo tiene la capacidad de insuflar fuerzas, de generar huecos de agenda y de hacernos más tolerantes. Mi admirado Jesús Encinar decía en un post reciente que la Navidad "nos hace siempre mejores personas y saca lo meor de nosotros mismos: nuestra infancia". Y lo cierto es que no podría estar más de acuerdo con él.
En mi caso, tradiciones y ritos aparte, me gusta tomar este tiempo como un periodo de necesaria reflexión. Reflexión sobre si el año que ya termina nos deja un Daniel mejor persona de lo que era el año pasado por estas fechas. Me gusta ver qué he aprendido, en qué estoy mejorando y, sobre todo, todo lo que aún me queda por mejorar. Y, por supuesto, también veo aquellas cosas en las que he involucionado y que deberán cambiar en breve.
Este 2008 ha sido posiblemente el año más intenso que he vivido en toda mi vida, tanto en lo profesional como en lo personal. Este se año se ha esforzado tozudamente en ponerme constantemente a prueba y forzarme a dar lo mejor de mí mismo con bastante frecuencia. Y si miro atrás acabo muy satisfecho con el esfuerzo realizado.
Y me llevo conmigo un montón de sensaciones increibles. 2008 me ha llevado a los lagos y ciudades de Suiza; a la costa Oeste de USA, disfrutando de las maravillosas cuestas de San Francisco; a fotografíar la candidez de Francia; a ver un partido de la Eurocopa España-Suecia... en un bar de Estocolmo, Suecia (rodeado de fans suecos ... y eso que no me gusta el futbol); a sentirme de nuevo en casa viajando a Alemania (donde me he prometido volver al menos una vez al año hasta que ya no tenga motivos por los que volver); y se despedirá de mí con una maravillosa puesta de sol tras la Mezquita Azul de Estambul, en Turquía. Me he metido en una celda de Alctaraz, conocí a Don Normal y Josh Bernoff, viví el mejor concierto de música al que nunca he asistido (Combichrist), pasee por el rio Sena y contemplé las estrellas desde la cúpula de uno de los edificios que osiblemente tenga más historia en toda Europa: el Reichstag de Berlín. 2008 también me ha enseñado muchísimos matices y sensaciones por medio de la música (lo cual es algo maravilloso y tremendamente importante para mi). Además, me ha acercado a las personas importantes de mi vida (aunque algunas ya no vivan en Madrid) y me ha posibilitado sacar las que considero mis mejores fotografías. Este 2008 se aleja ya de mi dejando una rodadura tremendamente profunda en mi camino y guiñándome un ojo cómplice para decirme con una medio sonrisa: "Dani, esto ha merecido la pena".
Jesús decía que la Navidad saca la infancia de nosotros, haciendo alusión al ensoñamiento constante en el que nos encontramos. Yo matizaría su frase en mi caso: la infancia que saca en mi es aquella referida a la maravillosa sensación de aprendizaje continuo y de poder disfrutar por tener infinitas experiencias que aprender en el mañana.
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